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"Llenar la empresa de pósits no la hará más ágil", un reportaje de EEC en el número de abril Harvard Deusto

Las metodologías ágiles se van abriendo hueco en las organizaciones y agitando la forma de organizarse, de trabajar y de lograr resultados.

13/04/2018

Las Metodologías Ágiles están generando cambios a una velocidad de vértigo en las organizaciones como el achatamiento de las pirámides jerárquicas, la imposición del trabajo por proyectos con equipos multifuncionales e interdepartamentales, el cambio de rol y de funciones. Agilidad y cambios que están dando lugar a nuevas formas de trabajar que todos (organización, líderes y equipos) debemos ser capaces de asumir para no fracasar. Funcionar de una manera diferente pensando igual que antes sería como jugar hoy un partido de tenis con una raqueta de madera, un fracaso asegurado.

Las organizaciones están hoy en día enfrentándose al reto de las metodologías ágiles y tratando de averiguar cómo implantar una nueva forma de trabajar y también de pensar diferente, cómo romper los silos y aplanar las estructuras organizativas y cómo lograr que sus profesionales construyan relaciones de confianza en un tiempo record con personas que no conocen porque no son de su equipo habitual.

Aprovecharse de los beneficios del agilismo, como la oportunidad de la visibilidad y la adaptación al cambio, la flexibilidad o el aprendizaje de los errores requiere que los equipos incorporen herramientas que favorezcan el desarrollo de una nueva forma de generar inteligencia colectiva así como habilidades para maximizar el rendimiento del equipo. La persona que integra un equipo ágil debe aprender los principios y valores que sustentan esta forma de relacionarse y organizarse de manera efectiva para obtener resultados y debe identificar los nuevos paradigmas que favorecen la aparición de los comportamientos productivos, con un propósito claro: alcanzar el resultado esperado de la manera más efectiva, en el menor tiempo posible y minimizando los desperdicios.

El agilismo no es una metodología, no es una forma de desarrollar un producto, ni siquiera es un proceso de trabajo. Según expresa claramente el manifiesto ágil, ese documento creado por 17 profesionales en 2001, AGILE es un conjunto de creencias que permite a los equipos operar y tomar decisiones de manera eficaz para realizar un trabajo concreto y entregar un producto a la medida de las necesidades cambiantes de su cliente.

Es más, en nuestra experiencia, no son ágiles las metodologías, sino las personas. Sin la capacidad de retroalimentación que sigue a la escucha las metodologías ágiles ni son posibles y ni tienen sentido pues estas se edifican sobre la confianza y el compromiso que surgen del feedback y del feedfoward constantes para ganar en velocidad, aprendizajes y mejoras.

Escuchar, prototipar, escuchar, cambiar, prototipar, escuchar… es una secuencia necesaria en cualquier metodología ágil enmarcada en una conversación permanente entre equipo, manager, cliente y stakeholders para ir prototipando, testando y construyendo sin necesidad de tener que apostarlo todo a un solo número y color. 

El feedback nutritivo y de calidad permite que la comunicación se convierta en una ventaja competitiva y que el equipo multiplique de manera exponencial su capacidad de aprender y de mejorar. Es una herramienta que requiere ser entrenada en sus diferentes formas de ejecución para explotar todas sus características y que su impacto en el equipo sea el mayor posible.  

Cambio de paradigma: el triunfo de la vulnerabilidad. El entorno ágil obliga, en nuestra experiencia, a superar esa cultura en la que pensamos que tenemos que ser perfectos, dar respuesta a todo y que cuanto más selfmade-man o woman seamos más nos van a valorar. Ese modelo ya no es compatible con el agilismo donde desaparecen ciertos comportamientos improductivos. 

Si todo equipo se comporta a la altura de sus creencias y no de sus capacidades, si los resultados dependen no solo de lo que el equipo sabe hacer sino también de lo que se cree capaz de hacer y de lograr, entonces creámonos capaces de sostener conversaciones productivas, sinceras y orientadas al objetivo con todas las personas involucradas para ganar en agilidad y en resultados utilizando con éxito cualquier nuevo reto o metodología.

*Este artículo es un extracto del publicado en Abril por Harvard Deusto, que puedes leer completo aquí.

 

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