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Mejorando nuestras soft skills. La proactividad

Carmen Mellina
Executive Coach por EEC
PCC por ICF
Responsable EEC Zona Norte

«Sólo existen dos días en el año en que no se puede hacer nada. Uno se llama ayer y otro mañana. Por lo tanto, hoy es el día ideal para amar, crecer, hacer y, principalmente, vivir». DALAI LAMA

«Nada es real hasta que no se experimenta, incluso un proverbio no lo es hasta que la vida no lo haya ilustrado». JOHN KEATS


«Siempre hacia adelante» me decía una persona con la que hablaba hace unos días sobre las actitudes más eficaces ante la vida, un lema que, opinaba, debe siempre acompañarnos.

Tras este sabio consejo, se esconden recursos y fortalezas que necesitamos, de hecho, para poder ejecutarlo. Una de las habilidades que necesitamos es, precisamente, la que denominamos proactividad.

¿Qué es «ser proactivo»? 

La proactividad es una palabra habitual en las entrevistas de selección, donde figura como la habilidad estrella que todos decimos poseer. Parece que, sin ella, no seríamos lo suficientemente valiosos para ejercer ninguna función.

  • ¿Pero está verdaderamente tan presente la proactividad en nosotros?
  • ¿A qué nos referimos cuando requerimos de proactividad?
  • ¿La podemos entrenar? 

Un comportamiento preventivo.

Una demostración de proactividad requiere de anticipación, de esa iniciativa que surge antes de que una situación dé un giro no deseado o negativo. Es un comportamiento preventivo antes del surgimiento de una crisis. 

«No soy parte del problema, pero puedo ser parte de la solución» es una cita que muchos conocemos y que viene a fortalecer la corresponsabilidad de los integrantes de un equipo. 

A mí me gusta recordar otra frase muy parecida, elaborada por uno de los equipos con los que trabajo para dar un paso mas allá en esa corresponsabilidad, enraizarla y promover como valor la actitud anticipatoria: «Si no eres parte de la solución serás parte del problema».

¿Para qué las personas proactivas?

Buscamos personas proactivas porque pueden lograr la efectividad de la organización, se reducen costes y aumentan los resultados. Pero los beneficios no revierten únicamente en la empresa, también sobre el individuo. 

¿Cómo desarrollar la proactividad? 

El entrenamiento en coaching ejecutivo, por ejemplo, permite el desarrollo de la actitud proactiva a través del trabajo de varias distinciones o conceptos, que ahondan en nuestras creencias y en la manera que tenemos de expresarlas:

  • La emoción como el motor de la acción.
  • La diferencia entre accionar y reaccionar.
  • El paso entre sueño y visión.
  • El concepto de responsabilidad 100% o la actitud de víctima. 
  • El valor de compromiso frente a la obligación.

Proactividad, acción y emoción.

Existe la creencia compartida de que «la emoción nubla la razón» y de que las decisiones «mediatizadas» por la emoción no poseen la misma calidad que aquellas diseñadas exclusivamente mediante el ejercicio de procesos mentales racionales. 

Sin embargo, el premio Príncipe de Asturias Antonio Damasio, estudioso del funcionamiento de nuestra mente y de cómo tomamos decisiones, nos alerta del riesgo de la sobrevaloración de la razón y de ignorar la emoción al tomar buenas decisiones.

Entendamos por fin que hay emociones que facilitan nuestra capacidad de accionar en relación con la proactividad así que hay otras emociones que sostienen un estilo más reactivo. 

Proactividad vs. Reactividad.

Contar con una gran capacidad de respuesta rápida y automática a lo que ocurre en el momento, tener la habilidad de responder a situaciones estresantes, trabajar bajo presión y hacerlo en entornos cambiantes no son características de una persona proactiva, sino de una persona reactiva. 

La respuesta rápida, la reacción, se ve muy influida por los estímulos externos e impide el análisis que permite relativizar, contextualizar y reflexionar. Así, la reactividad es un estilo contraproducente en relación a la habilidad que nos ocupa: la proactividad.

¿Qué sensaciones y sentimientos observamos en las personas reactivas?

En las situaciones de reacción, podemos identificar que predominan todas aquellas acciones y comportamientos relacionados con el miedo y la rabia. 

El miedo y la rabia son emociones comprometidas con nuestra supervivencia y, desde su punto de vista de protección, nos dificultan analizar los factores externos y nos llevan a tomar decisiones de ajuste conservador dentro de un marco limitante aceptado.

La proactividad en las organizaciones.

Cuando las empresas reclaman un comportamiento proactivo se están refiriendo a la capacidad de las personas de anticiparse al entorno y de evitar ciertas crisis.

El lado visible de la proactividad: la anticipación.

La anticipación supone tener la habilidad de:

  1. diseñar nuevos modos de hacer.
  2. cuestionar los modos actuales.
  3. proponer cambios sin razón aparente (puesto que la crisis no ha estallado aún).
  4. someterse a algún riesgo y a una exposición sin la seguridad, pero con la confianza, de que es lo correcto. 

Cuando estamos siendo proactivos, sentimos que eso que hacemos es lo correcto, aunque al asumir cierto riesgo se active nuestro sistema de protección (la amígdala) y se dispare una batería de respuestas que pretenden protegernos. (Justin Feinstein, 2010)

Abordar este espacio de seguridad confiable en el que nos movemos permite, por tanto, modular la intensidad del miedo y la rabia y posibilitar la proactividad que nos remite a generar confianza y empoderamiento.

Pasos para ser proactivo: proyectando el futuro.

Se ha comprobado que nuestro cerebro está «trabajando» de manera continuada y que los procesos de ensoñación (de nuestra red neuronal por defecto) son un cable al futuro. Incluso, podríamos decir que «soñamos» el futuro: generamos imágenes de futuro y cuando decimos imágenes nos referimos a imaginarnos todo tipo de señales.

Proactividad y visión:

Generar estas visiones, imágenes y ensoñaciones impacta de forma muy positiva sobre la soft skill de la proactividad:

  • orienta las decisiones que tomamos en la actualidad.
  • posibilita una relación con el presente.
  • permite «ver» lo que de otro modo pasaría a nuestro lado sin impacto.
  • da orientación a nuestra actividad consciente que se ocupa de resolver.
  • marca un «norte» a la actividad de la red neuronal por defecto. 

Todos encontramos dificultades y creencias que nos limitan a la hora de crear futuro, solventarlas es imprescindible para nuestra conversión en personas proactivas. 

La proactividad como responsabilidad.

El futuro no se puede quedar en lo que deseamos o esperamos sino en lo que vamos a hacer para avanzar hacia él. El futuro es nuestro compromiso, no nuestra obligación y el propósito que tengamos es la clave de la motivación. 

La frase del comienzo, «siempre hacia adelante», habla de la anticipación y de la valentía para gestionar el miedo y la rabia y también de dar una respuesta a lo que el cerebro (aunque esté en modo reposo) es capaz de percibir. 

Trabajar la responsabilidad que aceptamos y el nivel de influencia que creemos pre-determinado por las circunstancias tiene el objetivo de transcender el limitado espacio y potenciar la imaginación y la creatividad para innovar, para encontrar modos diferentes de responder y para incrementar nuestro catálogo de respuestas, es decir, nuestra responsabilidad. 

6 consejos para incrementar tu proactividad:

  1. Escucha y gestiona tus emociones.
  2. Actúa con propósito.
  3. Pon el foco en el futuro.
  4. Planifica para accionar. 
  5. Revisa tus compromisos.
  6. Acepta que puedes influir más de lo que crees.

 

Recursos y bibliografía.

  • El hombre en busca de sentido, Viktor Frankl.
  • Los siete hábitos de la personas altamente efectivas, Stephen Covey.
  • Pensar rápido, pensar despacio, Daniel Kahneman.
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