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Si buscas la piedra filosofal, no la encontrarás en Mindfulness

Lydia Vidal | 16 Septiembre 2018

Daniel Goleman y Richard Davidson, científicos y expertos en Inteligencia Emocional explican en este vídeo lo que se puede conseguir -y lo que no- practicando atención plena o Mindfulness.

Para muchos son conocidos los beneficios que la práctica del mindfulness tiene sobre la concentración, la atención y el estrés. En este vídeo grabado por Harvard Business Review, los científicos comparten otros resultados menos conocidos: los relacionados con la regulación emocional y la resiliencia. 

Es decir, hablan de la habilidad para elegir la respuesta que queremos dar ante un estímulo frenando la reacción automática, por un lado, y por otro, de la capacidad para no quedarnos atrapados en pensamientos asociados a un hecho negativo, es decir, de poder dormir a pierna suelta y no estar a las 2 de la mañana dándole vueltas a un mail que nos enviaron hace 3 semanas, por ejemplo.

No es oro todo lo que reluce

“Hay mucho revuelo entorno al Mindfulness. El Mindfulness no hace todo lo que se ha dicho que logra”, afirma Goleman. “Las habilidades de Inteligencia Emocional, por ejemplo, deben trabajarse de forma más directa, si bien el mindfulness puede ayudar. Defendemos el Mindfulness, y lo recomendamos, pero seamos racionales. No se le puede atribuir todo lo que se dice por ahí”.

Entonces, que sí es Mindfulness

Practicamos mindfulness cuando nuestra cabeza está en eso que estamos haciendo, por ejemplo, si estamos hablando con alguien nuestra mente está en la conversación; si estamos comiendo, nuestra mente está en las sensaciones de oler, saborear o masticar; si nos estamos duchado, nuestra mente está concentrada en enjabonar y en sentir el agua que nos cae; si estamos cosiendo, tenemos la mente coordinada con la aguja; si estamos meditando, solo estamos siendo conscientes de nuestra respiración.

Por el contrario, no estamos en atención plena si cuando nos hablan empezamos a preparar lo que vamos a replicar nosotros o si en la ducha nos dedicamos a revisar los compromisos pendientes.  

Cambios a nivel cerebral

Goleman y Richardson explican lo que nos sucede a nivel físico cuando seguimos un entrenamiento intensivo de mindfulness. En resumen, lo que se fortalece es una conexión que existe entre dos partes del cerebro relacionadas con la emoción y la reacción: sería como ensanchar la autopista que hay entre la amígdala (el disparador de la reacción impulsiva) y el cortex prefrontal, para que este último tenga el tiempo y el espacio que necesita para hacer de filtro, lo que nos permite generar una respuesta apropiada y elegida.

“Lo primero que sucede es que no reaccionas tanto. Y lo segundo, es que te recuperas antes”, asegura Goleman en el vídeo. “Esto de recuperarse más rápido es uno de los atributos de lo que llamamos resiliencia”, continúa explicando Richardson. “La resiliencia es la capacidad de recuperarse pronto de una adversidad. Así que en lugar de quedarte rumiando durante semanas por un email que disparó tu enfado, puedes descender y recuperarte”.

Competencia: Escucha

Ese estar presente con uno mismo y con el otro tiene mucho que ver con lo que en el Programa de Certificación en Coaching Ejecutivo llamamos “apagar la radio”. La escucha empática empieza por uno mismo, por ser capaz de percatarnos de los cambios que en el cuerpo se dan en función de nuestra emoción y también de reconocer las voces internas con las que nos hablamos a nosotros mismos.

La escucha empática es por ello una de las habilidades entrenadas en profundidad para que el futuro coach logre sentir las palabras, el cuerpo y la emoción del cliente. Pues, si no, ¿cómo detectar las creencias, los cambios, lo esencial de una sesión?

¿Te sientes dueño de tus reacciones? ¿Responsable de tus emociones? ¿Cómo desarrollas tu capacidad de escucha? ¿Para qué te puede servir darte cuenta de cuándo se te va el santo al cielo y te desconectas de lo que haces? ¿Y a tu cliente de coaching?

 

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