Durante años, decidir «bien» se asociaba a ser racional y dejar fuera las emociones. Hoy sabemos que eso es un mito: cuando se dañan partes del cerebro que procesan la emoción, las personas no se vuelven más lógicas, se bloquean, les cuesta priorizar y se pierden en los detalles.
Lejos de estorbar, la emoción es imprescindible para la toma de decisiones, puesto que sin emoción no hay prioridad. Y sin prioridad no hay decisión.
Conversar para darle voz a razón y emoción
En EEC trabajamos con una premisa sencilla: la conversación es el espacio donde podemos darle voz tanto a lo que pensamos como a lo que sentimos.
A través del lenguaje, podemos expresar tanto la experiencia emocional como ordenar el pensamiento: «Me doy cuenta de que estoy enfadado y con miedo a equivocarme» y «Con todo y con eso, viendo la información y el impacto, lo más coherente sería…».
Cuando una persona puede nombrar ambas cosas —lo racional y lo emocional— gana claridad, baja el ruido interno y decide desde un lugar más completo. Un proceso de coaching precisamente crea este tipo de espacio: legítima lo que sentimos, ordena lo que pensamos y nos ayuda a elegir decisiones que tengan sentido para nosotros y para nuestra realidad.
Autoconciencia: saber qué nos pasa cuando decidimos
Es decir, que un proceso de coaching genera autoconciencia, y es la base para la toma de decisiones. Sin autoconciencia, no vemos si decidimos por miedo, por inercia, por necesidad de agradar o por auténtico compromiso. No reconocemos nuestros patrones. No escuchamos las señales del cuerpo que nos dicen «algo aquí no encaja», aunque en papel parezca perfecto.
Pensamiento crítico: decisiones que tienen que ver contigo
El pensamiento crítico es la otra pieza. En un contexto con IA, datos e información constante, nuestro valor ya no está en «tener todas las respuestas», sino en saber filtrar qué es un hecho y qué es una interpretación, qué viene de fuera (algoritmos, cultura, expectativas) y qué es genuinamente nuestro; qué decisión tiene sentido en este momento, con estas personas y con estos límites.
Pensamiento crítico no es llevar la contraria, sino preguntarnos
- «¿Qué supongo sin darme cuenta?»
- «¿Qué alternativas no estoy contemplando?»
- «¿Esta decisión tiene que ver conmigo o solo con lo que ‘toca’ hacer?»
Dicho de otra forma: pensamiento crítico es acertar en las decisiones no solo por el resultado, sino porque son coherentes con quién somos, con nuestros valores y con la realidad que habitamos.
Autenticidad: solo hay una persona como tú
Cuando autoconciencia y pensamiento crítico se entrenan juntos, aparece la autenticidad. Ser personas auténticas no es decir siempre lo que queremos ni «hacer lo que nos apetece«, sino vivir y decidir de forma coherente con quien honestamente somos por dentro, aunque a veces implique ir a contracorriente.
La tecnología puede ir muy rápido. La IA puede aumentar lo que hacemos. Pero autoconciencia, pensamiento crítico y autenticidad son las habilidades que necesitamos para seguir siendo nosotros mientras el mundo cambia y poder acertar en nuestra toma de decisiones. Y eso, por ahora, no es automatizable.



