Natalia Nenadovit | EEC Alumni Protagonista del Mes | Mayo 2026

«Aprendí que el cambio profundo no ocurre por imposición ni por esfuerzo desmedido»
¿Cómo te describirías brevemente?
Si tuviera que sintetizarlo, diría que soy una mujer que habita el liderazgo con humanidad y el coaching con profundidad. Me muevo con naturalidad entre la estrategia global y la conversación íntima, y disfruto de ambas porque, en el fondo, tocan la misma pregunta: ¿cómo se transforma una persona y qué impacto tiene esa transformación en todo lo que construye?
Creo que mi trabajo —en todas sus formas— consiste en crear espacios donde las personas puedan encontrarse consigo mismas de una manera honesta, clara y expansiva. Y sigo convencida de que pocas cosas generan tanto impacto como una conversación en la que alguien se siente verdaderamente visto, escuchado y acompañado a mirar un poco más lejos.
¿Cómo llegaste hasta el coaching en general? ¿Y cómo hasta EEC en particular?
Llegué al coaching a través de la experiencia, mucho antes de pensar en una formación formal. Empecé en espacios de coaching grupal y meditación que me permitieron descubrir algo que resonó profundamente en mí: la fuerza transformadora de una conversación compartida desde la presencia.
Con el tiempo, ese interés se volvió una búsqueda más deliberada y comencé a formarme en mindfulness. Cada paso profundizaba una intuición: acompañar procesos humanos era algo natural para mí, casi inevitable.
En paralelo, mi vida profesional se movía en escenarios globales, liderando equipos multiculturales y acompañando a personas que toman decisiones que impactan a miles. Desde hace casi una década trabajo con emprendedores y CEOs de todo el mundo, y en esas conversaciones empecé a ver lo que no se ve desde fuera: el peso emocional del liderazgo, la soledad que no se dice, la tensión entre la ambición y el bienestar.
Ahí apareció algo imposible de ignorar: la certeza de que acompañar líderes requería una formación a la altura de su complejidad.
Y entonces encontré la Escuela Europea de Coaching. Desde la primera sesión sentí que estaba frente a algo cualitativamente distinto. En la EEC encontré un método profundo, una ética sólida, una pedagogía madura y una humanidad exquisita.
Hoy puedo decir que el coaching llegó primero como una intuición, luego como una búsqueda y finalmente como una vocación que abracé por completo. Y la EEC fue el lugar donde esa vocación encontró forma, fundamento y futuro.
¿Cuál es tu pasión?
Mi pasión es acompañar a las personas en procesos de descubrimiento, claridad y expansión. Me conmueve ese instante en el que alguien ve algo que antes no podía ver, cuando una conversación abre un horizonte nuevo o una pregunta bien formulada ilumina una parte de su identidad que estaba esperando ser reconocida.
Me apasiona el liderazgo, pero no en su dimensión técnica: me apasiona el liderazgo vivido desde la conciencia, la responsabilidad y la profundidad. Me interesa lo que ocurre por dentro de quienes sostienen organizaciones, decisiones y futuros, y me inspira acompañarlos en la búsqueda de un modo de liderar más libre, más verdadero y más alineado con quienes son.
Hay algo que atraviesa todo lo que hago: el disfrute del camino, tanto mío como de quienes acompaño.Me apasiona crear espacios donde el crecimiento deje de vivirse como una exigencia y empiece a vivirse como una apertura. Donde haya descubrimientos, pero también alivio. Donde haya transformación, pero también celebración.
¿Cómo cargas las pilas? ¿Qué te da energía?
Necesito espacios donde pueda bajar el ritmo, respirar hondo y volver a escucharme. Me energiza el silencio, la lectura, caminar, tomar mate en calma y esos momentos en los que puedo mirar la vida sin prisa. Me da energía estar con mi familia, la conexión conmigo misma: entrenar la presencia, volver a la respiración, volver al eje.
Estar en conversación con otros. Cuando una sesión se vuelve un espacio de claridad, cuando alguien descubre algo importante, cuando una pregunta abre una posibilidad nueva, siento una vitalidad muy particular.
Acompañar procesos humanos me energiza, no me agota. Me recuerda por qué hago lo que hago y me devuelve al propósito.Y, sobre todo, me carga las pilas el buen camino compartido.Siento que la energía se multiplica cuando el otro también empieza a disfrutar su proceso.
En síntesis, cargo mis pilas cuando puedo estar presente, conectada y en coherencia conmigo misma, y cuando comparto momentos significativos con las personas que más quiero y con quienes acompaño.
¿Qué te quita energía? ¿Cómo lo gestionas?
Me quitan energía las dinámicas donde no hay presencia: la prisa constante, las conversaciones vacías, la desconexión y los entornos donde nadie se escucha realmente. También me drenan la falta de claridad, el ruido emocional y los momentos en los que el ritmo externo se acelera más de lo que mi mundo interno puede sostener.
¿Cómo lo gestiono? Volviendo a mí. Volviendo al eje. Busco espacios de silencio, reduzco ruido, ordeno prioridades, descanso y recupero la respiración profunda. También converso con personas de confianza que me ayudan a ver con claridad. Con los años aprendí algo esencial: la energía no se protege aislándose, sino eligiendo dónde pongo mi atención y desde qué lugar me vinculo. Me cuido para poder cuidar. Me ordeno para poder acompañar.
¿Qué noticia te gustaría escuchar?
Me gustaría escuchar que más personas —en las organizaciones y en la vida— se permiten liderar desde la conciencia, desde la presencia y desde la humanidad. Que empiezan a tomar decisiones no solo desde la lógica y la eficiencia, sino también desde la conexión con lo que realmente importa.
Que los líderes se atreven a mirarse por dentro y encuentran en ese proceso una manera más libre y más amable de vivir y de trabajar. También me gustaría escuchar que el desarrollo personal deja de ser un tema marginal o “individual” y pasa a ser parte natural de la cultura en empresas, escuelas y comunidades.Que el bienestar, la reflexión y el aprendizaje profundo se vuelven pilares y no accesorios.
Y, en un plano más íntimo, me gustaría escuchar historias de transformación: que alguien recuperó esperanza, que encontró claridad, que se animó a un cambio, que volvió a sentirse bien consigo mismo. Me gustaría escuchar que las personas se permiten disfrutar su camino, incluso en medio de los desafíos. En definitiva, me gustaría escuchar buenas noticias sobre la expansión de la conciencia humana, porque cada vez que una persona se transforma, todo su entorno cambia con ella.
Completa la frase: A través del coaching aprendí…
…a ampliar mi capacidad de observación, a escuchar desde un lugar que habilita posibilidades que antes no veía y a confiar en la fuerza transformadora de una conversación verdadera.
Aprendí que el cambio profundo no ocurre por imposición ni por esfuerzo desmedido, sino cuando una persona se siente vista, acompañada y libre para explorar quién puede llegar a ser. Y aprendí, también, que cuando yo me transformo, se transforma la manera en que acompaño a otros.
¿Con qué distinción de coaching te quedas? ¿Por qué y para qué?
Me quedo con la distinción del observador. Porque transforma la manera en que entendemos la realidad y, sobre todo, la manera en que nos entendemos a nosotros mismos.
El observador nos recuerda que no vemos el mundo “como es”, sino como somos, como hemos aprendido a mirar, como hemos sido moldeados por nuestra historia, nuestras creencias y nuestras conversaciones internas. Y que, cuando cambiamos la forma de observar, cambian nuestras posibilidades, nuestras acciones y nuestros futuros disponibles.
Es una distinción que nos devuelve libertad. Nos permite pasar de reaccionar a elegir, de repetir a crear, de funcionar en automático a actuar con conciencia.Nos invita a reconocer que no somos un resultado fijo, sino un proceso vivo capaz de ampliarse, refinarse y transformarse.
Me quedo con esta distinción porque es la que más impacto tiene en mi vida personal y profesional. Me permite acompañar a líderes a ver lo que no estaban viendo, a abrir caminos donde solo veían límites y a encontrarse con versiones más amplias de sí mismos.
Y también porque me recuerda, cada día, que yo misma estoy en permanente expansión. Que mi manera de observar condiciona la calidad de mi presencia y, por lo tanto, la calidad del acompañamiento que ofrezco.
¿Qué impacto ha tenido en tu vida personal y profesional lo aprendido en coaching?
El coaching tuvo un impacto profundo y transversal en mi vida. Transformó mi manera de escuchar, de relacionarme conmigo misma y de liderar.
Me enseñó a pausar, a observar con más conciencia, a preguntarme desde qué lugar estoy actuando y qué posibilidades abro —o cierro— con cada observador que habito.
En lo personal, me permitió vivir con más coherencia y serenidad. Aprendí a leer mis emociones con más claridad, a poner lenguaje donde antes había ruido, a distinguir mis narrativas internas y a elegir con mayor libertad cómo quiero estar en el mundo. Me ayudó a habitar mi propia vida con más presencia y profundidad, y a disfrutar no solo los resultados, sino también el camino.
En lo profesional, el impacto fue aún más visible. Trabajo diariamente con emprendedores y CEOs de todo el mundo, y el coaching amplió radicalmente mi manera de acompañarlos.
Me dio una calidad de presencia distinta, una escucha más fina, una capacidad de sostener conversaciones complejas sin invadir ni dirigir. Me permitió ver lo que está detrás de las decisiones estratégicas: la identidad, los miedos, los anhelos, las tensiones invisibles.
Hoy puedo acompañar a líderes en sus procesos más delicados con una comprensión más humana y una mirada más amplia. El coaching no solo enriqueció mi práctica profesional: elevó mi manera de ejercer liderazgo, de construir comunidad y de generar espacios donde otros pueden pensar mejor, sentir mejor y liderar mejor.
En síntesis, el coaching transformó mi manera de estar en la vida y en el trabajo. Me enseñó a acompañar desde un lugar más consciente, más liviano y más verdadero. Y me permitió integrar plenamente quién soy con lo que hago, algo que considero uno de los mayores regalos de este camino.
¿Cómo y con quién aplicas el coaching actualmente?
El coaching tuvo un impacto profundo y transversal en mi vida. Transformó mi manera de escuchar, de relacionarme conmigo misma y de liderar. Me enseñó a pausar, a observar con más conciencia y a preguntarme desde qué lugar estoy actuando y qué posibilidades abro —o cierro— con cada observador que habito.
En lo personal, me permitió vivir con más coherencia y serenidad. Aprendí a leer mis emociones con más claridad, a poner lenguaje donde antes había ruido y a elegir con mayor libertad cómo quiero estar en el mundo.
En lo profesional, el impacto fue aún más visible. El coaching amplió radicalmente mi manera de acompañar a emprendedores y CEOs, con una calidad de presencia distinta, una escucha más fina y una mayor capacidad para sostener conversaciones complejas sin invadir ni dirigir. Me permitió ver lo que está detrás de las decisiones estratégicas: la identidad, los miedos, los anhelos y las tensiones invisibles.
El coaching transformó mi manera de estar en la vida y en el trabajo. Me enseñó a acompañar desde un lugar más consciente, más liviano y más verdadero.
¿Qué le dirías a alguien que se plantea formarse en coaching?
Le diría que formarse en coaching es una de las decisiones más transformadoras que una persona puede tomar.No es un curso, no es un conjunto de herramientas: es un camino que modifica la manera de observar, de escuchar, de relacionarse y de liderar. Es un viaje hacia una versión más consciente y más libre de uno mismo.
También le diría que la elección de la escuela es clave. Busqué mucho antes de encontrar un lugar donde la profundidad, la ética y la humanidad estuvieran realmente integradas.
Llegar a la Escuela Europea de Coaching fue un antes y un después: encontré una formación seria, exigente, madura y profundamente respetuosa del proceso humano. Una escuela que no simplifica la complejidad, que cuida el oficio y que honra la transformación de las personas.
Habiendo completado mi ciclo de Certificación, decidí continuar mi formación en la EEC —y sé que seguiré—. Porque encontré una comunidad comprometida, un método sólido y un espacio donde mi vocación puede seguir creciendo con rigor y autenticidad.
La EEC ofrece un lenguaje, una estructura y una calidad de acompañamiento que, en mi experiencia, son difíciles de encontrar en otros lugares. Y, sobre todo, le diría que, si siente un llamado —aunque sea pequeño—, lo escuche. Porque el coaching no solo enseña a acompañar: primero te transforma a ti, y desde ese lugar cambia la forma en que acompañas, lideras y vives.
¿Cuál ha sido tu mayor logro?
Mi mayor logro ha sido encontrar mi vocación, no como un camino alternativo ni como una transición, sino como una evolución natural y profundamente coherente con mi trayectoria profesional.
Durante años trabajé en entornos globales acompañando a emprendedores y CEOs, facilitando conversaciones estratégicas, sosteniendo comunidades y liderando iniciativas de alto impacto.
Sin darme cuenta, todo ese recorrido ya contenía las semillas de algo más profundo. El coaching no llegó para reemplazar nada, sino para darle lenguaje, estructura y profundidad a una manera de acompañar que siempre estuvo presente en mi forma de liderar. Fue una revelación interna: entender que mi sensibilidad para escuchar, conectar, sostener y facilitar claridad era parte de una vocación que se venía gestando desde hace mucho tiempo.
Mi mayor logro es haber reconocido esa vocación y haberla integrado de manera orgánica —no paralela, no alternativa— dentro de mi identidad profesional.
Hoy el coaching potencia mi rol, lo expande y lo hace más consciente. Me permite acompañar a líderes desde un lugar más humano, más presente y más alineado con la complejidad de los desafíos que viven.
Encontrar mi vocación fue un proceso de escucha y de maduración, y el mayor logro está en haber podido unir todo lo que soy: mi recorrido global, mi trabajo en YPO y mi deseo profundo de acompañar procesos humanos. Nada se reemplaza; todo se integra.
¿Cuál ha sido tu mayor reto?
Mi mayor reto ha sido aprender a sostener la complejidad externa sin perder mi propio centro.
Trabajo en entornos globales donde las conversaciones, las decisiones y los ritmos suelen ser intensos y multidimensionales. Durante años el desafío fue encontrar un equilibrio entre la exigencia del rol, la responsabilidad hacia los demás y mi propio bienestar interno.
El verdadero reto fue comprender que la claridad no nace del control, sino de la presencia; que acompañar a líderes en sus procesos —muchas veces inmersos en grandes transiciones— exige que yo misma pueda habitar mis emociones, reconocer mis límites y cuidar la calidad de mi propia energía.
No fue un desafío de sobrecarga, sino de crecimiento. Aprender a escucharme, a poner lenguaje a lo que necesitaba, a ordenar mis prioridades internas y a liderar desde un lugar más consciente y sostenible.
Ese proceso me permitió ampliar mi capacidad de acompañar y cultivar una forma de estar en el mundo mucho más serena y alineada. Hoy miro ese reto como una de las etapas más valiosas de mi vida. Me dio profundidad, me dio herramientas y me dio una presencia más auténtica. Y, sobre todo, me enseñó algo fundamental: que para poder sostener a otros, primero tengo que sostenerme bien a mí misma.
¿De qué error has aprendido más?
El error del que más aprendí está vinculado a una cualidad que siempre estuvo muy presente en mí: la curiosidad.
A lo largo de mi vida, esa curiosidad me abrió puertas, me conectó con personas fascinantes y me impulsó a explorar caminos muy diversos.
Pero, con el tiempo, también descubrí su “lado B”: cuando se despliega sin foco, puede llevarme a abarcar demasiado y a perder profundidad en temas que merecen más atención.
Durante ciertos momentos confundí “todo lo que me interesa” con “todo lo que debo sostener”, y esa falta de distinción me llevó a dispersar energía en múltiples direcciones. Aprendí que la curiosidad es una fuerza maravillosa cuando está acompañada de intención, ritmo y límites.
Que no todo lo que despierta interés merece compromiso, y que la profundidad —la que realmente transforma— necesita presencia sostenida. Ese aprendizaje fue crucial. Me enseñó a elegir mejor, a ordenar mis prioridades internas, a cuidar mi energía y a dar calidad antes que cantidad.
Hoy sigo siendo profundamente curiosa, pero desde un lugar más consciente y alineado con lo que realmente quiero construir. Fue un error valioso, porque me ayudó a crecer como líder, como profesional y como persona. Me dio foco, claridad y una forma más serena de estar en el mundo.
Completa la frase: Me gustaría…
…seguir creciendo en coherencia con quien soy, rodearme de personas que me inspiren y crear espacios donde aprender y disfrutar formen parte natural del mismo camino.
Me gustaría que mi desarrollo —y el de quienes me rodean— siga avanzando con claridad, autenticidad y alegría, de esa que aparece cuando cada uno está conectando con su propio propósito.
Completa la frase: Nunca pensé que…
…descubriría una vocación tan alineada con mi manera de ser, capaz de integrar todo mi recorrido profesional y, al mismo tiempo, abrirme un camino interior tan significativo.
Nunca pensé que una práctica tan centrada en la conversación pudiera transformarme de forma tan profunda, ni que acompañar a otros me ayudaría también a encontrar partes de mí que no sabía que estaban esperando aparecer.
¿Qué es el éxito para ti?
El éxito, para mí, es vivir en coherencia. Poder tomar decisiones alineadas con quién soy, con lo que valoro y con la forma en que quiero relacionarme con el mundo. No lo mido en resultados externos, sino en la calidad de mi presencia: en cómo escucho, cómo elijo, cómo acompaño y cómo atravieso cada etapa de mi vida.
Es éxito cuando mi vida profesional y mi vida personal se sienten integradas; cuando la ambición y el bienestar pueden convivir; cuando lo que hago tiene sentido y lo que soy encuentra espacio para expresarse.
También es éxito ver a otros avanzar. Acompañar a una persona en un momento clave de su vida, presenciar un descubrimiento profundo o ver cómo alguien recupera claridad y propósito. Eso tiene un valor que trasciende cualquier logro visible. En síntesis, el éxito para mí no es un destino, sino una manera de vivir: con conciencia, con honestidad y con la sensación íntima de estar donde quiero estar.
¿Hay algo más que te gustaría añadir?
Solo añadiría que valoro profundamente las conversaciones que nos permiten vernos con más honestidad y vivir con más claridad. Creo en el poder de los vínculos que habilitan crecimiento, en los espacios donde podemos pensar mejor y sentirnos mejor, y en la fuerza transformadora de caminar acompañados.
Me siento agradecida por haber encontrado un camino donde mi experiencia profesional, mi vocación y mi manera de estar en el mundo se integran de forma tan natural. Y por poder ser parte de una comunidad que honra la profundidad, la presencia y el desarrollo humano con seriedad y respeto.
También disfruto mucho conocer personas y escuchar historias. Si has llegado hasta aquí y algo de lo que comparto resuena contigo, estaré encantada de conversar. Las buenas charlas siempre abren posibilidades, y nunca sabemos qué puede nacer de una conversación auténtica.
Para mí, el coaching es eso: un espacio donde la conciencia se expande, donde la vida se ordena y donde cada persona puede reencontrarse con su propia luz. Acompañar esos procesos es, sin duda, uno de los mayores privilegios de mi vida.
¿Qué estás leyendo? ¿Qué libro tienes sobre la mesilla de noche?
¿Qué estás leyendo? ¿Qué libro tienes sobre la mesilla de noche?
Estoy leyendo The Coach’s Brain Meets AI: How to Transform Coaching with Neuroscience and Artificial Intelligence, de Sahar Andrade.
Lo elegí porque me llamó la atención la combinación entre neurociencia y nuevas tecnologías aplicadas al coaching, y la posibilidad de explorar cómo estos campos pueden ampliar nuestra mirada sobre los procesos de cambio.
Todavía estoy en los primeros capítulos, pero ya me resulta interesante la invitación a pensar el coaching desde un lugar más integrado: entendiendo cómo funciona el cerebro en situaciones de aprendizaje y, al mismo tiempo, explorando qué rol puede tener la inteligencia artificial como complemento —no como sustituto— de la experiencia humana. Es una lectura que despierta preguntas, abre posibilidades y alimenta mi curiosidad sobre cómo seguirá evolucionando nuestra práctica en los próximos años.
¿Qué libro de coaching o desarrollo recomendarías?
¿Qué libro de coaching o desarrollo recomendarías?
Sin duda, Manual de entrenamiento para coaches, de Silvia Guarnieri y Ruth Gavilan Hernández. Es un libro que considero fundamental para quienes quieren comprender el coaching desde un lugar serio, ético y profundo.
No es una lectura ligera ni rápida; es una obra que invita a pensar, a practicar y a mirar el oficio con la responsabilidad que merece. Lo valoro porque ofrece distinciones claras, marcos sólidos y un modo de abordar la conversación que se alinea profundamente con la práctica ontológica y con la manera en que entiendo el acompañamiento.
Es un libro que no simplifica la complejidad humana, sino que la honra. Para mí, es una lectura tan necesaria como transformadora para cualquier persona que se esté formando o que desee elevar la calidad de su práctica.
¿Cuál es tu canción del momento?
Mi canción del momento es I Am Light, de India Arie. Me gusta por la frescura y la calma que transmite, por la claridad de su mensaje y porque invita a habitar un espacio interno más sereno y auténtico. Es una canción que me acompaña en momentos de reflexión y que me recuerda la importancia de volver al centro.