Por Raquel Ballesteros, Global Head T&C Fundación Microfinanzas BBVA, Coach certificada en EEC.
Las expectativas están altas, y siguen subiendo. Hoy, es difícil acudir a un congreso o conferencia que no incorpore el despliegue de la Inteligencia artificial y su impacto en el trabajo.
Y, tras meses de experimentación e iteración, esta potente herramienta que multiplica nuestras capacidades es vista, para algunos incluso, como un nuevo «compañero» al que atribuyen cualidades humanas.
Es flexible, aprende muy rápido, es incombustible, no se cansa; cada semana nos sorprende con nuevas capacidades; ya ni alcanzamos a estar al día de todo lo que nos puede aportar; ahora probamos a pedir ayuda con nuevos temas que hace un mes ni hubiéramos soñado ¡y responde!
Su dominio del lenguaje es profundo y siempre entrega más de lo que se le ha pedido. Es complaciente, siempre dispuesto a aportar nuevos ángulos. En ocasiones, puede fabular, pero cada vez menos, y no es fácil saber cuándo es así́.
Como el talentoso Mr. Ripley de la novela de Patricia Highsmith, se adapta extraordinariamente bien a su interlocutor: adopta su lenguaje, reconoce sus preferencias y parece ofrecerle aquello que espera encontrar.
Su trabajo es deslumbrante. La tentación de delegar el criterio es proporcional al “peso” y calidad formal del entregable de Mr. AI. Y, sin embargo, es en este momento cuando más criterio y atención nos requiere.
Cuando nuestra capacidad de producir contenido se multiplica, se vuelve aún más necesaria nuestra capacidad para discriminar qué merece nuestra atención.
Como coach me interesan las reacciones diversas de los que trabajamos con la IA, y hacerlo desde las distinciones, el material de trabajo de los coaches, que permiten tomar conciencia de nuestros actos.
Una radical distinción entre cantidad y calidad. Más no significa necesariamente mejor. Y tampoco significa diferente. Podemos producir diez veces más, diez veces más rápido, y continuar pensando, decidiendo y trabajando esencialmente de la misma manera
La IA amplifica extraordinariamente nuestro hacer. Mi pregunta como coach es qué ocurre con nuestro ser mientras eso sucede. ¿La IA simplemente amplía lo que hacemos o está transformando nuestra manera de trabajar, decidir y relacionarnos? Y para ello ¿qué estamos poniendo en el centro de nuestra atención y qué estamos dejando de mirar? ¿Qué estamos eligiendo?
Amplificada nuestra capacidad de hacer, podemos elegir desarrollar nuestra capacidad de discernir.
Y precisamente ahí reside parte de nuestra fascinación. Quizá́ también nuestro mayor reto: cuanto más capaz sea Mr. AI de ofrecernos respuestas, más importante será nuestra capacidad para decidir qué preguntas merecen ser formuladas, qué respuestas merecen nuestra atención y qué decisiones y elecciones queremos seguir haciendo nuestras.



