Ruth Gavilán, codirectora académica de EEC, celebra su reciente acreditación como coach MCC por ICF con una mezcla de gratitud, emoción y responsabilidad.
Así, tras más de 2.500 horas como coach individual y unas exhaustivas pruebas, y después de más de 15 años vinculada al coaching, la coach, mentora y supervisora de coaches, destaca que el verdadero valor del camino ha estado en la posibilidad de seguir creciendo junto a clientes, alumnos y colegas.
Felicidades por tu MCC, ¿cómo te sientes ahora?
Feliz y, sobre todo, muy agradecida a las personas que me han acompañado en el camino. No he podido tener más fortuna al desarrollarme profesionalmente en la Escuela. Cada persona con la que me he relacionado desde que fui alumna hace quince años ha dejado huella en mí.
En especial, quiero nombrar a Cristina Martínez de Aragón, quien me acompañó en mis principios con el mayor cariño, cuando era difícil creer que algún día podría llegar a hacer coaching (risas). Y bueno, trabajar con Silvia Guarnieri ha sido un verdadero privilegio y una experiencia de aprendizaje constante, transformando además nuestra relación profesional en una conexión personal de apoyo y, por mi parte, de gran admiración.
He sido muy afortunada de haber contado con tantos guías tan profesionales y afectuosos. ¡Qué suerte la mía!
¿Qué supone para ti ser MCC?
Ser MCC representa aún mayor consciencia y conexión con el rigor al acompañar a otros, ya sea como coach de clientes en procesos de coaching, como formadora con alumnos en formación, o como mentora de coaches colegas.
Me atrevo a decir que obtener la credencial me ha supuesto un pequeño pellizco de mayor atención a la deontología de nuestra actividad. Cuidar el rol del coach es fundamental para sostener el impacto del coaching.
Todos los coaches profesionales somos custodios de la seriedad de esa labor y, quizás, los más seniors somos más responsables de trasmitirlo continuamente en nuestra relación con clientes y en nuestra actividad como formadores y mentores.
¿Qué destacarías del camino hasta llegar a ser MCC?
Destaco, sin duda, las relaciones que he construido en este precioso paseo vital que estoy dando desde 2010. El camino ha estado plagado de momentos muy significativos para mi vida, espacios de conversaciones nutritivas en ámbitos más o menos formales, momentos con colegas que en el camino se han ido convirtiendo en amigos.
Ha sido un recorrido lleno de intercambio de miradas y de aprendizajes compartidos con compañeros, maestros, alumnos, clientes.
Por lo que respecta al camino que transitamos de la mano de ICF, destaco la atención continua al desarrollo y evolución como coach hasta ir consiguiendo el grado de profundidad y presencia que ICF requiere para esta credencial.
¿Qué ha sido lo más difícil en tu carrera como coach? ¿Lo más bonito, lo mejor?
Lo más difícil creo que ha sido abordar conversaciones con clientes sintiendo dudas de estar totalmente capacitada para ello. Claro que, por otro lado, esos momentos han sido esenciales para seguir creciendo.
Lo más bonito sigue siendo hoy en día la ilusión intacta al trabajar con clientes, con alumnos y con colegas. La conexión que vivo al establecer esa conversación de compromiso me sigue pareciendo el mejor regalo del mundo.
Me sigue asombrando lo mucho que disfruto cada vez que interactúo como coach, como mentora o facilitadora. Esto es lo mejor, sin lugar a duda.
¿Qué has aprendido en este proceso?
Muchísimas cosas. He aprendido a disfrutar al aprender, a cambiar el estrés por la diversión del proceso en sí mismo, a aceptar que mi vulnerabilidad me enriquece. Ha sido un gran logro. (risas) He aprendido a reconocer los pequeños resultados, a sostener una mentalidad de posibilidad.
También he aprendido a usar mi curiosidad como palanca para crecer. Los coaches tenemos la suerte de recibir feedback de nuestros clientes todo el tiempo. Estar atenta a ellos proporciona una guía valiosísima para nuestro desempeño.
¿Qué sabes ahora, como MCC, que no sabías antes?
Que la entrada en boxes que supone el proceso de optar a la credencial puede ser vivida como una oportunidad de oro para poner mayor conciencia en el servicio al cliente.
Por más cuidado y rigor que practiques y por más supervisión que hagamos a lo largo de nuestra trayectoria, el ejercicio de parar y revisarse con detalle supone una oportunidad fantástica para alinearse más finamente con los estándares que nuestros clientes merecen.
En este proceso, he podido reforzar la deontología de las competencias y he confirmado cómo los altos estándares que marca ICF contribuyen a mantener una cultura de coaching ética y profesional, donde el cliente está siempre en el centro.
¿Qué te permite el MCC?
Acompañar es un enorme privilegio. Cada interacción, ya sea una sesión de coaching o una conversación con un colega, es una oportunidad para crecer y seguir evolucionando. Esto no cambia con una nueva credencial. Si acaso, supone reforzar el papel de facilitadora rigurosa y responsable.
Hay una gran satisfacción en poder trabajar con otros en sus desafíos y contribuir al desarrollo de futuros coaches.
¿Para qué coaching hoy?
Para mucho. El coaching es una herramienta poderosa para el cambio y el crecimiento, dos constantes en nuestra vida. Es simplemente singular y especial.
El coaching acompaña, motiva, genera autoconfianza, abre nuevas perspectivas, fomenta mentalidad de posibilidad, promueve el cuestionamiento, potencia la acción, todo ello desde la autonomía del cliente.
Sí, coaching para mucho. No para todo, y sí para muchísimos aspectos de la vida. En la era de la IA, gracias a la cuál son tantos los aspectos profesionales y personales se facilitan, por ejemplo, acceso a datos, sugerencias, patrones, diagnósticos, alternativas, etc,, el coaching se aloja en la relación, la experiencia, la presencia, la intuición humana, el discernimiento contextual.
¿Cuál te gustaría que fuera tu legado como coach?
Más que legado, me gustaría que las personas a las que tengo el privilegio de acompañar en un trocito de su camino de crecimiento sientan que han sido acompañadas con rigor, afecto y respeto.
Que los clientes se lleven con ellos que participar en un proceso de coaching significa, sobre todo, tener un espacio en el que cuestionar y explorar con total seguridad otras opciones impensables hasta el momento, de la mano de un profesional riguroso y respetuoso.
¿Hay algo más que te gustaría añadir?
Quiero agradecer profundamente a cada maestro que he encontrado en estos años el tiempo y la energía dedicados y por conversaciones con las que hemos construido este camino juntos. La mejor noticia de todas es que este camino sigue.



