Coaching 2025: la Competencia 7 y la palabra que abrió el debate 

9 de enero 2026

La valentía de ser coach profesional y explorar el camino espinoso

Por Ruth Gavilán, codirectora académica EEC. Con el fin de dar respuesta a la creciente diversidad y complejidad de los contextos en los que operan los coaches, y ante la necesidad de un enfoque más inclusivo y colaborativo en la práctica, la International Coaching Federation (ICF) ha llevado a cabo una revisión integral de su modelo de competencias clave cuyo resultado enfatiza competencias fundamentales que promueven la conexión, la empatía y la colaboración, reconociendo que el coaching es, ante todo, un proceso humano y relacional. 

Presentada en otoño de 2025, el nuevo enfoque es más dinámico y flexible y nos permite a los coaches adaptarnos a las necesidades específicas de nuestros clientes y a los contextos en los que se encuentran, promoviendo una práctica más efectiva y resiliente.

Si bien esta última actualización, no incorpora nuevas competencias principales (como ha ocurrido en otras ocasiones),sí añade 5 nuevos indicadores y actualiza 11 de los ya existentes. Algunos de ellos, no han estado exentos de debate.

Conocimiento, una palabra polémica en la séptima competencia 

Una de las competencias actualizadas que merece especial atención es la séptima, «Evocar consciencia», cuyo indicador 7.11, pasa de ser «compartir observaciones, ideas y sentimientos», a ser «compartir observaciones, conocimientos y sentimientos, sin apego», con el fin de generar nuevas perspectivas para el cliente. 

La incorporación de la palabra conocimiento ha provocado un diálogo profundo en la comunidad profesional: muchos han expresado el temor de que acerque el coaching a la consultoría

Sin embargo, el análisis de la actualización, junto con las bases éticas y metodológicas de ICF, evidencia que este cambio no altera la esencia del coaching, sino que la fortalece. Reconoce la práctica real, acompaña la evolución de la disciplina y reafirma el principio central: el cliente es el creador de significado y dueño de sus decisiones.

El artículo que compartimos a continuación es un extracto del White Paper publicado por ICF que profundiza en cómo «compartir conocimiento sin apego» puede transformarse en una práctica esencial en la práctica. El texto desarrolla este concepto y analiza tanto su aplicación, como los beneficios que puede aportar a los coaches y a los clientes. 

Sumado a los ocho aspectos de la interpretación que aporta ICF a la modificación de la séptima competencia, hemos añadido uno más, nuestro propio matiz desde cómo entrenamos y empleamos el concepto tanto en el programa de Certificación como en los programas y talleres de acompañamiento a coaches certificados, ya sea en los Talleres de preparación a exámenes o en el programa de Supervisión, entre otros.  

  • Competencia 7: Evocar Consciencia
  • Indicador 7.11. «compartir observaciones, conocimientos y sentimientos, sin apego».

1. Un cambio coherente con la práctica profesional

El coaching contemporáneo va más allá de la formulación de preguntas. Implica acompañar a personas que atraviesan contextos complejos y buscan ampliar su perspectiva. En este proceso, compartir observaciones, sensaciones o conocimientos —siempre con permiso y sin dirigir— ya es habitual entre coaches experimentados.

La actualización refleja esta práctica. Define que el coach puede aportar conocimiento como un recurso que estimula la reflexión del cliente, sin convertirse en experto que prescribe soluciones. La neutralidad sigue siendo el eje: el coach ofrece sin esperar un resultado específico, sin apego a su interpretación ni a la utilidad final de aquello que comparte.

Este enfoque mantiene la distinción clara con otras profesiones como la consultoría, donde el especialista diagnostica y prescribe. En coaching, el conocimiento se comparte como opción, no como instrucción.

Matiz EEC: Si el coach no tiene la suficiente confianza en sí mismo para compartir conocimiento y mantener su rol como coach, su mejor opción es no hacerlo y solicitar la mirada de un coach mentor para entrenar su destreza en ello. 

2. Alineación con los KAOs (en castellano CHO, indicadores de conocimiento, habilidades y otras) y el Job Task Analysis de 2025

La modificación no surge de manera aislada. Responde a los hallazgos del Job Task Analysis (JTA) 2025, en el que ICF identificó tareas, conocimientos y comportamientos que caracterizan el trabajo real del coach. Entre las conclusiones, se observa que los coaches:

  • comparten modelos, marcos y teorías cuando pueden servir al cliente,
  • adaptan su enfoque en función del contexto,
  • piden permiso antes de aportar interpretaciones,
  • ofrecen herramientas o recursos cuando son relevantes,
  • y verifican cómo resuena en el cliente aquello que se comparte.

Es decir: compartir conocimiento ya es parte del ejercicio competente del coaching. La actualización simplemente lo reconoce de forma explícita, sin modificar la ética central de la profesión. 

Matiz EEC: El último punto se torna fundamental para aceptar los anteriores. La verificación es la clave para que el coach comparta conocimiento con su cliente.  

3. Reforzar la autonomía del cliente

Una preocupación frecuente es que el uso de conocimiento pueda generar dependencia hacia el coach. Sin embargo, la nueva formulación preserva con claridad la autonomía del cliente. El conocimiento se comparte únicamente:

  • con permiso del cliente,
  • sin apego al resultado,
  • como invitación, nunca como guía obligatoria,
  • y manteniendo la responsabilidad del cliente sobre su interpretación.

Que el coach ofrezca un recurso no significa que lo imponga. El cliente decide si lo toma, lo ajusta, lo ignora o lo transforma. La esencia del coaching se mantiene intacta: el coach acompaña, el cliente elige.

Ejemplo: si el cliente vive un conflicto laboral, el coach podría preguntar: “Conozco un marco sobre estilos de afrontar conflictos. ¿Quieres que te lo comparta?”. Si el cliente acepta, aún mantiene total libertad para interpretar y aplicar ese conocimiento como le resulte útil. 

Matiz EEC: Y también conviene que el coach explore “¿Cómo crees que contar con un marco de estilos te puede servir para tu reto?” de forma que sea el cliente el que, a través de su reflexión, decida si lo compartido será útil y cómo.

4. Un cambio contextualizado dentro del modelo global de competencias

La Subcompetencia 7.11 se integra en un marco más amplio que regula cómo debe actuar el coach. Competencias como:

  • 1.07 (derivación a otros profesionales),
  • 2.01 (el cliente es responsable de sus decisiones),
  • 2.10 (el coach es consciente de su impacto),
  • 3.01 y 3.02 (acuerdos claros y límites),

refuerzan que cualquier uso del conocimiento se realice con discernimiento, ética y respeto por la autonomía del cliente. La nueva formulación no altera este equilibrio; simplemente amplía la claridad de qué puede aportar el coach sin desdibujar su rol. 

Matiz EEC: Tal y como ocurre en los puntos mencionados, el coach ha de contrastar con el cliente si lo compartido, respondido, etcétera, está siendo útil para el objetivo de la conversación. En este sentido, compartir conocimiento no es diferente a cualquier otro comportamiento que el coach muestra, siempre en el marco del modelo de competencias. 

5. Una respuesta a las expectativas reales de los clientes

En la práctica, los clientes suelen pedir la perspectiva del coach: “¿Qué herramientas conocen otros clientes?”, “¿Qué marco me podría ayudar a pensar esto?”. Ignorar sistemáticamente estas solicitudes puede generar distancia, frustración o sensación de falta de acompañamiento.

Negarse a compartir conocimiento por miedo a “salirse del coaching” puede incluso debilitar la alianza, pues el cliente puede percibir que el coach no responde a sus necesidades reales. Por el contrario, cuando el coach comparte con neutralidad y sin apego, la relación se fortalece. El cliente siente apoyo, presencia y compromiso.

La actualización legitima esta dinámica y la incorpora de forma alineada con los principios éticos de ICF. 

Matiz EEC: Los principios éticos son la base, y que el coach sea consciente de sus sesgos al compartir perspectiva, también. 

6. Un reflejo de la madurez global de la profesión

Durante años, el coaching se definió diferenciándose de otras profesiones. Hoy vive una fase de consolidación: existe claridad metodológica, estandarización internacional y evidencia de impacto. La profesión ya no necesita definirse por negación, sino por contribución.

El cambio en 7.11 reconoce que el coaching ha madurado. Hoy sabemos que la práctica más efectiva integra diálogo reflexivo con conocimiento contextual, manteniendo el equilibrio ético que da sentido al coaching: no dirigir, no imponer, no prescribir.

Este paso posiciona al coaching como una disciplina profesional capaz de responder a los desafíos de un mundo complejo con rigor, presencia y flexibilidad. 

Matiz EEC: El coach profesional también ha de dar muestra de la misma madurez y, en el caso de compartir conocimiento, ha de dejar total autonomía al cliente para discernir su utilidad, así como para cuidar que la conversación se mantiene alineada al acuerdo de sesión establecido. 

7. Apoyo al desarrollo del coaching especializado

La profesión se ha diversificado hacia áreas como:

  • coaching ejecutivo y de liderazgo,
  • coaching de bienestar y salud,
  • coaching de carrera,
  • coaching académico,
  • coaching sistémico.

En estas especialidades, el conocimiento del coach es un activo valioso. Los clientes no lo buscan como instrucción, pero sí como marco que amplía posibilidades. Un coach de liderazgo puede referirse a la inteligencia emocional; uno de bienestar a la neurociencia del estrés; uno sistémico a modelos organizacionales.

Compartido como invitación y no como prescripción, este conocimiento potencia la reflexión sin comprometer la autonomía. 

Matiz EEC: Los clientes pueden buscar el conocimiento del coach como indicación o pautas a seguir, y está en la destreza del coach ofrecerlo como herramienta para ampliar consciencia y abrir nuevas posibilidades de comportamientos, acciones y resultados. 

8. Aumentar la credibilidad del coaching

Reconocer que los coaches pueden aportar conocimiento, dentro de un marco ético sólido, incrementa la credibilidad del coaching ante organizaciones, líderes y clientes. La profesión se posiciona como un campo riguroso que combina exploración, autoconciencia, metodología y comprensión contextual.

El coaching es más robusto cuando puede integrar saberes que faciliten la reflexión sin interferir en la autodeterminación del cliente. Con esta actualización, ICF fortalece la imagen del coach como socio profesional que acompaña con habilidad, preparación y presencia.

Matiz EEC: Si entendemos “credibilidad” como que el coaching sea más confiable, creemos que compartir conocimiento no es fundamental para la confiabilidad del coach ni del coaching. La presencia del coach, la escucha, la ética, por ejemplo, sí son fundamentales para la fiabilidad o credibilidad del coach y del coaching. 

Conclusión: un paso adelante para la profesión

La actualización del indicador 7.11 no cambia la naturaleza del coaching, sino que la consolida. Reconoce la realidad de la práctica, respeta la autonomía del cliente, clarifica el rol del coach y legitima una colaboración más rica y completa dentro de la sesión.

El mensaje final es claro: el conocimiento puede estar presente en el coaching, siempre que sea compartido sin apego, con permiso y en servicio del aprendizaje del cliente.

El cliente sigue siendo el creador de significado. El coach, un socio que aporta presencia, perspectiva y recursos para expandir posibilidades. Esta evolución no resta pureza al coaching; le da fuerza, coherencia y futuro.

Matiz EEC: Compartir conocimiento puede ser una vía valiosa para servir al objetivo del coaching, siempre que se haga dentro del marco ético que define nuestra profesión. Así lo entendemos en EEC. 

Cuando un coach integra observaciones, conocimientos o modelos con permiso del cliente, sin apego al resultado y en coherencia con el Código Ético de ICF, está actuando en plena alineación con las Competencias Clave. Lejos de invadir el espacio del cliente, amplía sus posibilidades, facilita nuevas perspectivas y profundiza la calidad del proceso.

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