Cada decisión es la correcta: una nueva manera de decidir sin quedarte paralizado

10 de agosto 2026

Por Lydia Vidal. Cuando tenemos que tomar una decisión importante, solemos partir de una premisa: existe una opción correcta y debemos descubrirla antes de actuar.

Analizamos, comparamos, pedimos opiniones y buscamos nueva información. Sin embargo, cuanto más tratamos de eliminar la incertidumbre, más difícil puede resultar avanzar.

La psicóloga Ellen J. Langer propone cambiar por completo esta perspectiva: dejar de dedicar tanta energía a encontrar la decisión correcta y concentrarnos en hacer correcta la decisión que tomemos.

Una mirada diferente al mindfulness

Ellen Langer es profesora de Psicología en Harvard y, en 1981, se convirtió en la primera mujer en obtener una plaza permanente en el Departamento de Psicología de esta universidad. Lleva casi cinco décadas investigando cuestiones como la ilusión de control, el estrés, la toma de decisiones, la salud y la relación entre la mente y el cuerpo. 

Su concepción del mindfulness se aleja de la idea de detenerse a meditar. Para Langer, consiste en advertir activamente cosas nuevas, reconocer que las circunstancias cambian y cuestionar las certezas que damos por sentadas. Es una forma de prestar atención, no una práctica espiritual. 

Este enfoque resulta especialmente valioso cuando nos enfrentamos a decisiones profesionales complejas.

«En lugar de esforzarte por tomar la decisión correcta, haz que la decisión sea la correcta, sea cual sea».

La idea está desarrollada en su libro The Mindful Body —publicado en 2023—, que dedica varios apartados a la toma de decisiones y al arrepentimiento, con títulos como Making the Decision RightWhy Regrets? y No Right Decisions

1. No existe un verdadero término de comparación

Imagina que debes escoger entre estudiar en Harvard o en Yale. Eliges Harvard y la experiencia no resulta como esperabas.

Podrías pensar: «Debería haber elegido Yale».

Pero no tienes forma de saber qué habría sucedido allí. Quizá la experiencia habría sido mejor, pero también podría haber sido igual o incluso peor.

Para Langer, el arrepentimiento suele construirse sobre una suposición imposible de demostrar: que la opción descartada habría producido un resultado mejor. Cuando comparamos nuestra realidad con un futuro alternativo imaginado, no estamos comparando dos experiencias, sino una experiencia real con una hipótesis. 

Pregunta para reflexionar:

¿Estoy evaluando una posibilidad real o comparándola con una alternativa idealizada?

2. Creer que existe una única decisión correcta hace más difícil decidir

Cuanto más convencidos estamos de que hay una respuesta perfecta, mayor es la presión por encontrarla.

Entonces buscamos otra opinión, otro dato, otra garantía o una nueva señal. Pero decidir cuándo dejamos de investigar también es una decisión.

Este planteamiento conecta con la regla del 70 %: actuar cuando contamos con información suficiente para valorar razonablemente las opciones, aunque todavía exista incertidumbre.

El objetivo no es decidir de manera impulsiva. Es reconocer el momento en el que seguir analizando ya no aporta claridad, sino que retrasa la acción.

Pregunta para reflexionar:

¿Qué información me falta realmente y qué información estoy buscando únicamente para sentirme más seguro?

3. Lo decisivo comienza después de elegir

Una decisión no determina por sí sola el resultado.

Una vez que actuamos, aprendemos, conocemos nuevas personas, desarrollamos capacidades y descubrimos circunstancias que no podíamos anticipar. Nosotros mismos cambiamos durante el proceso.

Langer señala que, después de actuar, ya somos otra persona y el contexto también es diferente. Por eso, el valor de una elección depende en gran medida de lo que hacemos con ella: cómo respondemos, qué aprendemos, qué relaciones construimos y qué ajustes introducimos. 

La pregunta deja de ser:

«¿Cómo puedo garantizar que esta es la decisión correcta?»

Y se transforma en:

«¿Qué puedo hacer para convertir esta decisión en una buena decisión?»

Decidir también es aprender a convivir con la incertidumbre

No podemos conocer de antemano las consecuencias de una elección importante. Pero comprometernos con la decisión una vez tomada, esforzarnos en todo lo que está en nuestra mano en hacer que sí sea la mejor opción, además de saber que tenemos los recursos para afrontar con flexibilidad lo que sea que suceda. Así, nos acercamos a que cada vez, cada decisión es la correcta.