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El viaje del héroe: actitudes y habilidades para afrontar esta pandemia

Ana Escobar
Executive Coach por EEC
PCC por ICF

Hay una metáfora, que quizás ya conoceréis, que me ayuda mucho cuando tengo que afrontar situaciones nuevas o inesperadas en mi vida (cosa que suele suceder a menudo, como en todas las vidas…) Se trata de “El Viaje del Héroe”. Me gustaría compartirla hoy, y a partir de ella explorar algunas preguntas que nos pueden ayudar a reenfocar lo que está pasando en estos tiempos de cambio. Preguntas que quizás no tengan respuesta en este momento, pero que nos pueden permitir habitar en ellas (como decía Rilke).

La metáfora del viaje del héroe nace de los estudios de Joseph Campbell, un famoso mitólogo que en los años 50 se dedicó a estudiar los mitos, los cuentos y las leyendas de distintas culturas a lo largo del tiempo. Descubrió algo muy interesante: que todos los mitos, leyendas y cuentos tienen una estructura profunda común, una estructura arquetípica con una serie de etapas que aún hoy seguimos encontrando en libros y en el cine. Pensad por ejemplo en películas como Matrix, El Señor de los Anillos, Buscando a Nemo, el Rey León, o historias como la de Alicia en el País de las Maravillas, y por supuesto en la Odisea de Homero y en Don Quijote de la Mancha.

Los mitos y los cuentos son algo que utilizamos los seres humanos para transmitir nuestra cultura. Es curioso que la palabra mito y la palabra misterio tengan la misma raíz etimológica en griego y provengan del mismo lugar. De alguna manera, los mitos nos enseñan a través de los símbolos aquellos misterios que no se pueden transmitir con lecciones o consejos, y nos dan algunas claves de cómo conducirnos en la vida.  

Y en este punto se me ocurre una pregunta para hacernos… 

¿Qué es para ti la vida: es un problema por resolver o es un misterio por descubrir?

Cuando vemos una situación de cambio, por ejemplo, como un problema por resolver, entonces vamos a estar muy preocupados y empeñados en encontrar “LA” solución. Sin embargo, si tenemos la actitud de ver lo que está pasando como un misterio, lo vamos a afrontar desde la emoción de la curiosidad y probablemente esto nos permita emprender una aventura o un viaje desde otro lugar, abriendo muchas más posibilidades y dejando que aparezcan soluciones que quizás no nos habríamos planteado cuando buscábamos una única solución posible a lo que nos estaba pasando.

Las 8 etapas del viaje del héroe y cómo aplicarlas a lo que estamos viviendo

En su metáfora, Campbell habla de 8 etapas: la primera es la llamada; la segunda es el rechazo de la llamada; después, el héroe decide cruzar el umbral y encuentra sus ángeles o guardianes; la siguiente le hace afrontar y transformar los demonios que van apareciendo; la sexta es desarrollar el ser interno y los propios recursos; la séptima será la transformación; y la última etapa es la vuelta a casa.


Primera etapa del viaje del héroe: la llamada 

Pensemos en la película de El Señor de los Anillos como ejemplo para identificar esta primera fase. De pronto, Frodo (el protagonista de la historia) recibe un anillo. Él era una persona “normal y corriente”, que vivía en su mundo conocido, y ocurre algo inesperado que le obliga a asumir una responsabilidad y salir de su mundo ordinario. No podemos decir que Frodo fuera el típico héroe, pero se ve obligado, tras esa llamada, a emprender un viaje heroico para destruir el anillo y “salvar” a su pueblo.

La llamada es un reto. Puede ser una crisis, una visión, la petición de ayuda de alguien que nos necesita... La llamada es algo que nos interpela y nos obliga a cuestionar nuestro mundo, el lugar donde estamos. Puede tratarse de algún gran reto relacionado con algo que nos está haciendo sufrir, que nos coloca en el dolor del que necesitamos salir, y a veces también la llamada es algo que deseamos con mucha intensidad y cuyo posible logro nos produce alegría.  

En todo caso, la llamada es un reto grande que nos va a obligar a tener que hacer algún tipo de transformación y por eso exige valentía y libertad. Ser valiente no es no tener miedo, sino comprometernos incluso con miedo en buscar un sentido a lo que está pasando y decidir transformarlo. Esa valentía y esa libertad son las que nos van a ayudar a aceptar la llamada.

En este momento se produce una pérdida de la inocencia, pues nos damos cuenta de que las cosas no van a seguir siendo como eran antes de que apareciera esta nueva circunstancia. La llamada nos exige responsabilidad (entendida como la capacidad de dar una respuesta hábil a lo que está pasando), mucho más que instalarnos en la queja. La llamada nos interpela, nos obliga a soltar lo que había antes, el apego a lo conocido, y nos lleva a transitar necesariamente por la incertidumbre: tenemos que salir del mundo ordinario para entrar en uno extraordinario que no conocemos. 

Para esto, además de la valentía y la libertad, vamos a necesitar también un ideal, una meta, algo que nos conecte con la esperanza de que las cosas pueden ser distintas.

Una pregunta para hacernos en este punto:

¿Cuál puede ser tu ideal en este momento? ¿A qué sociedad quieres contribuir?

Cuando encontramos un ideal, esa meta tirará de nosotros. El impulso y nuestras acciones nacerán del compromiso con aquello que queremos lograr en el futuro.  

Víctor Frankl cuenta en ‘El hombre en busca de sentido’ su propia experiencia en un campo de concentración. Allí ve la diferencia que hay entre las personas que sobreviven mentalmente y están más saludables en esa situación de confinamiento gravísima, y aquellas otras que sucumben. La clave que descubre es que las personas que sobreviven en mejores condiciones son aquellas que han encontrado un sentido, algo que les mueve, por ejemplo tener la esperanza y el deseo de volver a ver a su familia o ayudar a otros a pasarlo mejor en la situación en la que están. La clave, dice, es encontrar el sentido, tener un para qué y concentrarse en él más allá de lo que está sucediendo. 

En la situación actual, podemos pensar que el coronavirus es la llamada, sobre la que no podemos hacer nada, pero a la que sí le podemos buscar un sentido. Podemos elegir quién queremos ser al transitar lo que está pasado y, de alguna manera, podemos incluso verlo como una oportunidad para crecer y para evolucionar. Y desde aquí, con libertad, elegir comprometernos. 

Me puedo preguntar, por ejemplo…

¿Qué está pidiendo ahora la vida de mí? 


Segunda etapa del viaje del héroe: aceptar la llamada 

Para empezar la aventura, el héroe tiene que aceptar la llamada desde la libertad. Lo que sucede es que éstas suelen ser situaciones difíciles que nos dan mucho miedo y no sabemos cómo vamos a poder manejar la siguiente etapa del camino. Entonces aparece la negación, el miedo, la rabia y aparece también la resistencia, el “yo no quiero que las cosas cambien, quiero que sean como eran”. 

Cuando empezaron las noticias del inicio de la pandemia en China, muchos nos decíamos “eso está pasando lejos” “aquí no puede llegar”…. Estábamos en “negación”. Después empezamos a decir “si se hubieran hecho las cosas mejor” “tenían que haber actuado antes…”  Ahí nos colocamos en un lugar de víctima (lógicamente en principio… nos pilla todo tan de sorpresa..). Pero llega un momento que tenemos que aceptar la llamada: abandonar esa primera reacción de mirar hacia afuera para encontrar culpables, y empezar a mirar dentro para encontrar que sí podemos hacer nosotros para transitar lo mejor posible la situación y obtener algún aprendizaje de ella. Mirar hacia dentro significa preguntarse qué cambios tengo que hacer en mí para poder vivir esto de otro modo, para que esto sea una oportunidad para mí. Ahí, cuando pienso qué puedo hacer yo, es cuando decido traspasar el umbral y entrar en la tercera etapa del viaje. 

Cuando el héroe decide traspasar el umbral toca descubrir qué fuerzas nuevas necesita encontrar para conseguir su meta. Aquí es cuando empieza el compromiso con lo extraordinario. Y… ¿qué actitudes van a ayudar al héroe o heroína a emprender este viaje?

4 actitudes para iniciar el viaje como un héroe/ heroína: 

  • Un estado de ánimo de “conquista”: decido que hay algo que tengo que conquistar, frente a la actitud de queja o el victimismo, que me lleva a sentir que no puedo hacer nada. 
  • Encontrar el ideal, el sentido y el querer crecer, frente al conformismo. No huir del esfuerzo, cambiar significa abandonar lo que sé y a veces esto implica dolor, tener que asumir un coste.
  • La flexibilidad ante el cambio frente a la necesidad de controlarlo todo. Cuando aparece lo nuevo, si no estoy en la flexibilidad, me quiebro. 
  • El sentido del humor, la liviandad. No se trata de una actitud frívola, sino de poder adoptar una mirada que nos dé perspectiva y cierta distancia. El humor ayuda, quita gravedad y peso y no permite avanzar más ligeros por el camino que tenemos que recorrer. 

¿Qué actitudes tienes ya? ¿Qué necesitas desarrollar para emprender el viaje como un héroe? 


Tercera etapa del viaje del héroe: cruzar el umbral 

Cuando decidimos cruzar el umbral, entramos en un territorio desconocido que está más allá de nuestra zona de confort. En ese territorio, la situación se vuelve difícil: hemos salido y traspasado el límite de lo conocido, pero todavía no tenemos las armas, las estrategias ni las herramientas para afrontar lo nuevo. 

Es un punto de no retorno: el momento en que tomamos absoluta conciencia de nuestra propia vulnerabilidad. Este es un momento complejo, y para afrontarlo vamos a necesitar estar muy comprometidos con el ideal y asumir que tenemos que aceptar la confusión y la inicial parálisis que pueda surgir. Es un momento en el que no tenemos nada claro, aún no sabemos con certeza lo que tenemos que hacer, o no nos sentimos capaces porque todavía no hemos aprendido lo que necesitamos para hacerlo, pero seguimos adelante: aquí es cuando comienza el verdadero proceso de transformación. 

Y en este punto, una pregunta para la reflexión:

¿Qué tal te llevas con tu vulnerabilidad? ¿La aceptas, la rechazas, la escondes? ¿Y qué tal te llevas con la vulnerabilidad de los otros?

Y es en este momento de mayor vulnerabilidad, pero también de compromiso con el ideal, cuando aparecen lo que Campbell llama “nuestros ángeles”, o (en otras versiones) “nuestros guardianes”. El héroe comienza a adentrarse en la siguiente fase…

[Continuara... parte dos próximamente]

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