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Cómo hacer frente a la desgana de nuestros hijos

La confianza es el ingrediente fundamental para hacer frente a la apatía y de la desmotivación de los hijos. Confianza en el talento de los hijos y también en su capacidad de lograr lo que se propongan. Por Rosa Barriuso, coach MCC y coodinadora del Programa de Especialización los padres como impulsores del talento de sus hijos. Como sociedad vivimos en un momento cambiante, hay incertidumbre de cara al futuro. Y como padres no conectamos con los talentos de nuestros hijos, queremos condicionarlos a lo que nosotros creemos que va a tener más salida. Debemos tomar conciencia de que hay que romper el paradigma que surge del miedo y condiciona las aspiraciones del hijo en función de ese temor. Hay muy pocos chavales que van a por lo que quieren y, en su lugar, optan por lo que creen que va a tener más salida. Pero lo que hace conseguir un trabajo es la ilusión, el empeño, el esfuerzo, más que elegir una carrera u otra. Hay que ayudarles a aprender que, con esfuerzo, lo que quieren lo van a conseguir. Hay un montón de adultos infelices porque querían ser otra cosa. La recomendación a los padres es que refuercen la confianza de sus hijos, porque la desgana nace de que no se sientan capaces de algo. La motivación sólo surge de las necesidades y deseos, no de las obligaciones. Debemos enseñarles a pensar y a elegir, más que a obedecer. Así aprender a ser adultos. No sólo se aprende sufriendo, sobre todo se aprende cuando disfrutamos. También les diría que pensar que lo que valió en el pasado o para otros, no siempre es lo mejor para el momento presente.  Las dificultades suelen surgir cuando pretendemos mantener estructuras fijas frente a los cambios. Cuando llega un adolescente a la familia, la propia familia llega a la adolescencia y va a ser necesario, sin olvidar los roles de cada uno, que se revisen los acuerdos, las reglas y los límites que son necesarios y, así, favorecer progresivamente la madurez e independencia de los hijos. La base de un buen funcionamiento familiar es la confianza y hay que sostener, a pesar de las divergencias, las conversaciones adecuadas e idóneas, para preservar esa confianza mutua.La confianza es el ingrediente fundamental para hacer frente a la apatía y de la desmotivación de los hijos. Confianza en el talento de los hijos y también en su capacidad de lograr lo que se propongan. Por Rosa Barriuso, coach MCC y coodinadora del Programa de Especialización los padres como impulsores del talento de sus hijos. Como sociedad vivimos en un momento cambiante, hay incertidumbre de cara al futuro. Y como padres no conectamos con los talentos de nuestros hijos, queremos condicionarlos a lo que nosotros creemos que va a tener más salida. Debemos tomar conciencia de que hay que romper el paradigma que surge del miedo y condiciona las aspiraciones del hijo en función de ese temor. Hay muy pocos chavales que van a por lo que quieren y, en su lugar, optan por lo que creen que va a tener más salida. Pero lo que hace conseguir un trabajo es la ilusión, el empeño, el esfuerzo, más que elegir una carrera u otra. Hay que ayudarles a aprender que, con esfuerzo, lo que quieren lo van a conseguir. Hay un montón de adultos infelices porque querían ser otra cosa. La recomendación a los padres es que refuercen la confianza de sus hijos, porque la desgana nace de que no se sientan capaces de algo. La motivación sólo surge de las necesidades y deseos, no de las obligaciones. Debemos enseñarles a pensar y a elegir, más que a obedecer. Así aprender a ser adultos. No sólo se aprende sufriendo, sobre todo se aprende cuando disfrutamos. También les diría que pensar que lo que valió en el pasado o para otros, no siempre es lo mejor para el momento presente.  Las dificultades suelen surgir cuando pretendemos mantener estructuras fijas frente a los cambios. Cuando llega un adolescente a la familia, la propia familia llega a la adolescencia y va a ser necesario, sin olvidar los roles de cada uno, que se revisen los acuerdos, las reglas y los límites que son necesarios y, así, favorecer progresivamente la madurez e independencia de los hijos. La base de un buen funcionamiento familiar es la confianza y hay que sostener, a pesar de las divergencias, las conversaciones adecuadas e idóneas, para preservar esa confianza mutua.
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