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Aceptación para vivir en paz, para crecer y para aprender

Mercedes Cisneros
Executive Coach por EEC
Directora Financiera

Me acerco al término ACEPTAR  en una época en la que, sin embargo, el término que está de  moda es otro, TOLERAR.

Hay que ser tolerante con los padres, con los hijos, con los colegas de trabajo, con las ideas de los otros... Y esto está muy bien, pero la disciplina del coaching (que trata en gran parte del arte de conversar) da un paso más y permite ver que, depende de quien diga  "tolerancia" y de cómo utilice el  término, podemos darle un sentido u otro.

 

 

Tolerancia es soportar

Cuando estamos en un estado de tolerancia estamos en el soportar. Es decir, que podemos no estar de acuerdo con lo que oímos o vemos, con lo que se dice o sucede, pero no lo compartimos, nos lo callamos y optamos por dejar de conversar con el otro y de tratar de que mire el mundo como nosotros lo hacemos. Dejar de conversar no quiere decir que desaparezcan las conversaciones, éstas existen solo que en lugar de con el otro  e producen con un mismo: por qué el otro hace o piensa distinto, qué podría hacer yo para que cambiara, etc.

Las conversaciones internas consumen nuestro tiempo y nuestra energía en  tratar de conseguir algo que, en realidad, no nos corresponde: cambiar al otro.  

 

Aceptar es respetar, es amar

Como alternativa, podemos mirar desde una actitud de aceptación. Aceptar significa abandonar nuestras conversaciones internas sobre cómo el otro debiera ser, pensar o sentir. Sigue significando no estar de acuerdo y pensar diferente, sin embargo, legitimando al otro como  distinto a nosotros. Habitualmente, el vehículo más poderoso para  vivir en la  aceptación suele ser el amor, este es el sentimiento que permite no deteriorar la relación, poner en valor aquello que nos conecta a las personas, a las situaciones más allá de cómo sean o cómo actúen. En segunda instancia, también podemos aceptar al otro -como legítimo otro-  desde el simple respeto.  

 

Una actitud consciente

Actuar con el otro desde la aceptación nos libera de muchos sentimientos dañinos para las relaciones: resentimiento y rechazo, entre otros. Es a fuerza de estar habitualmente en la actitud de aceptación, y no en la de tolerancia, que  somos capaces de distinguir cuándo es realmente necesario poner límites o rechazar algo que está vulnerando nuestra esencia o nuestros valores.

 

¿En qué lado eliges estar?

Está en nuestra mano elegir desde dónde relacionarnos  con nosotros mismos, con el otro y con las situaciones que nos acontecen para construir  relaciones que nos satisfagan más y con la paz interior que aporta el mirar al otro como un ser legítimo, diferente, con el que puedo crecer y aprender. Se aproximan las  vacaciones, períodos en los que convivimos y disfrutamos de experiencias distintas al resto del año con otras personas, ya sean familia, amigos o compañeros de viajes. Os invito a mirar al otro desde la aceptación en la que no hay ruido interior, sino que solo se deja ser, pensar y sentir al otro desde el respeto. ¡Quizás nos llevemos alguna sorpresa!  

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